Lo que pasó en los talleres, las dinámicas que probamos y los avances que se notan en las conversaciones de cada participante.
Arrancamos con simulaciones de entrevistas laborales. Cada participante eligió un rol distinto al suyo y practicamos respuestas frente a preguntas incómodas. El ejercicio dejó en evidencia que el tono de voz cambia cuando uno deja de pensar en la respuesta "correcta".
Probamos la técnica de respiración 4-6 antes de cada intervención. Varios participantes notaron que la pausa les permitió ordenar las ideas sin apurarse. Cerramos con una ronda de presentaciones espontáneas de dos minutos.
La dinámica consistió en repetir lo que el otro acababa de decir antes de responder. Costó al principio, pero al final la conversación fluyó con menos interrupciones y más matices. El grupo pidió repetirla la próxima semana.
Usamos elementos simples — una taza, una llave, un cuaderno — para construir historias en parejas. El objetivo era soltar el control y aceptar lo que el otro proponía. Al final, las risas y la soltura superaron las expectativas del grupo.
Vamos a practicar cómo contar una anécdota personal sin guion, con foco en el ritmo y las pausas. Cada participante traerá una historia real de su semana y trabajaremos sobre la estructura natural del relato.
Personas que llegaron con miedo a hablar y hoy conducen reuniones, dan clases y cuentan sus ideas sin ensayar de memoria.
Cada taller termina con un momento de intercambio: qué te llevás, qué te costó, qué vas a probar esta semana. Estos son algunos de los comentarios que dejaron los participantes al cierre del ciclo.
Entrené tres semanas con simulacros de entrevista. La última vez que tuve una real, no me trabé en la pregunta sobre mis debilidades. Usé la estructura que practicamos y hasta pude reírme de un error. Quedé seleccionada.
Verónica R., 34 años, coordinadora de proyectosTenía que exponer un trabajo final y siempre terminaba leyendo las diapositivas. Con los ejercicios de respiración y las rondas de feedback, logré hablar mirando a la gente. Aprobé con la mejor nota del grupo.
Lucía J., 22 años, estudiante de diseñoMe anoté porque me ponía nerviosa dar mi opinión en las reuniones semanales. Después de cuatro encuentros, empecé a proponer ideas sin pedir disculpas antes de hablar. Mi jefa lo notó y me pidió que liderara la próxima presentación.
Teresa S., 41 años, analista de sistemasNo buscaba hablar en un escenario, solo quería sentirme más cómoda en charlas con desconocidos. Los juegos de rol y las dinámicas de improvisación me dieron herramientas que uso todos los días, incluso para pedir un café sin dudar.
Teresa R., 29 años, emprendedora